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El “simulacro” de Isaías


Desde la madrigada del jueves, los fuertes vientos y caudalosas lluvias de la tormenta Isaías comenzaron a sentirse en toda la isla. El fenómeno atmosférico tocó a Puerto Rico rompiendo récords al ser el fenómeno con letra “I” más rápido en desarrollarse e impactar tierra. Los vientos y ráfagas entre 40 a 50 mph tuvieron un impacto sustancialmente distinto en el Puerto Rico post-María. No se puede negar que aún hay heridas sin sanar, procesos sin mejorar y sistemas debilitados. Tenemos que poner en perspectiva que un impacto de cualquier fenómeno atmosférico dejará resultados exponencialmente mayores de lo que se puede precisar en optimas condiciones.


Isaías llega a la isla en una coyuntura historia única más no imprevisible. La pandemia de Covid-19 mantuvo ocupados los recursos de las instituciones públicas en el manejo y respuesta de esa emergencia. No obstante, diversas voces comenzaron a resaltar la importancia de una preparación efectiva en donde se incluyera mecanismo de respuesta y recuperación de emergencias atemperados a esta inalterable realidad desde inicios de este año. La buena preparación no se limita a escribir unas guías en el mundo teórico. La buena preparación ante desastres requiere practica, coordinación y actuar contemplando todos los escenarios previsibles.


No hay nada que sustituya una buena preparación. Vimos como la tarde del jueves la Guardia Nacional se movilizó de manera inmediata luego de recibir una notificación de auxilio de una familia de Mayagüez. En un video publicado por el mismo ciudadano, solicitaba auxilio a las autoridades temiendo por la vida de su familia ante la inmensa inundación que amenazaba su casa. Rápidamente la intervención ciudadana se movilizó. La familia fue rescatada de manera exitosa. Este evento nos enseña dos cosas: 1) La importancia de la participación ciudadana y los medios de comunicación, y 2) La magnitud de los efectos de un fenómeno atmosférico 5 veces más débil que los experimentado por María.


Los reportes de todos los resultados de Isaías ascienden a desalojos de comunidades enteras por inundaciones, deslizamientos masivos de terreno, vegetativo destruyendo sistema eléctrico, entre otras. Más aún, antes de su entrada a la isla ya miles de abonados reportaban perdida de energía eléctrica. Algo como si el sistema mismo no estuviese preparado ni para soportar la amenaza a la distancia de un fenómeno atmosférico.


La innegable realidad es que Isaías solo fue un simulacro. No el sentido de minimizar su impacto, todo lo contrario. Las imágenes de las situaciones parecerían haber sido obtenidas durante el 20 de septiembre del 2017. La pregunta es, ¿estamos preparados? Se me obliga a concluir que la contestación será no. No porque no se hayan hechos gestiones de preparación de emergencias, sino porque se están haciendo esas gestiones considerando las dinámicas del pasado.


Hay un nuevo paradigma en el manejo de emergencias. Mientras la magnitud de las situaciones emergencias aumentan, la magnitud de la preparación debe aumentar también. Para una preparación efectiva es indispensable contemplar el peor escenario triplicando su magnitud, incorporar las medidas contra el Covid-19 y practicar, practicar, practicar. No hay tal cosa como “suficiente preparación”.

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